viernes, 6 de enero de 2012

EL BREVE ESPACIO DE Luis Enrique Ortiz.



El Breve Espacio

Luis Enrique Ortiz

En 1995, durante la más brutal crisis económica generada por un gobierno priista en México, la mayoría de los legisladores federales de este Partido, que pretende regresar a Los Pinos, aumentó el IVA del 10 al 15% ¿Recuerdan la roqueseñal? De esta manera los culpables directos del “error de diciembre (de 1994)”, socializaron las pérdidas confeccionadas desde su tecnocrático entreguismo a los dictados del Fondo Monetario Internacional. Por la vía impositiva, autoritaria para no perder el sello de la casa,  arrebataron el presente y el futuro a casi todos los mexicanos,  especialmente a los más pobres y a la amedrentada clase media que creía haberlo visto todo con el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta, cuya autoría el imaginario colectivo mexicano atribuye desde entonces a sus mismos colegas de Partido tricolor. Por eso, ahora mueve a risa la payasada de circo de tres pistas en que han convertido los cachorros “aliancistas”, priistas camuflados de varios colores,  la pretendida defensa de la economía popular de los sonorenses con su fatua, caprichuda, incompleta y oportunista oposición al cobro de la tenencia vehicular a los más ricos. El gobierno que encabeza Guillermo Padrés Elías no quiere llamarle por su nombre, pero se llama tenencia. Y no le quiere llamar así por razones político-electorales: para no contradecir a su jefe, el presidente Felipe Calderón Hinojosa, quien mal y tarde cumplió su compromiso de campaña de impulsar la desaparición del controversial gravamen y, para que los electores no le pasen factura, también por eso, en las elecciones de julio próximo. Con lo que estamos presenciando no se puede negar que hacer promesas de campaña a lo pendejo, al tiempo tiene un alto precio y lo están viviendo en carne viva los propios panistas, quienes en su momento acogieron y difundieron –fanáticamente- la iniciativa calderonista de echar abajo, sin tener con que sustituirlo, el impuesto creado a fines de los años sesenta por un ¡sí! ¡adivinaron! un gobierno priista, y mantenido por más de 30 años sin ruborizarse y menos arrepentirse ni proponer su derogación, por gobiernos ¡volvieron a adivinar!... por gobiernos priistas. La gran diferiencia (sic) diría el chihuahense nacionalizado en Sonora por la vía de los hechos, el gran Héctor Espino, es que la versión priista del cobro es absolutamente democrática pues nos pegaba a todos los que tuviésemos un carro, incluso de más de diez años de haber salido de la agencia. Con la propuesta padresista, que se niega a llamarle por su nombre, pagarían sólo aquellos vehículos que pueden considerarse de lujo y/o que tengan un valor factura de más de 350 mil pesos y a los cuales no tenemos acceso algo así como el 80% de los que tenemos auto, troka, van, bocho, camioneta, guayina, lámina o como le quieran llamar. Entonces ¿dónde está la afectación del patrimonio popular? En  un verdadero sistema de justicia fiscal deben pagar más quienes más tengan y alguien que tiene una Cheyene 4 puertas, 4x4; una Hummer; una Lincon Navigator; un 300 o una Grand Cherokee, pues de seguro pobre no es, ni gana menos de 10 salarios mínimos al día. Si tiene para comprar un auto de lujo, pues que pague así, igualito como lo habían venido haciendo durante los gobiernos priistas sin chistar, sin hacerse menos ricos y peor, sin importarles lo que le pasaba a la economía de los que no estrenamos lámina a cada rato, esos, a los que nos  aumentaron el IVA en 50% y todavía se burlaron de nosotros. Qué amor tan sin haberlo parido.

Tenemos memoria, no les creemos.

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