Mientras en México seguimos recibiendo una grotesca serie de imágenes relacionadas con las cada vez más comunes tragedias humanas que nos presentan los medios de comunicación como el menú cotidiano a través de los diversos espacios “informativos; en otra parte del planeta se hacen trasmisiones en vivo para que el “mundo” voltee a ver lo que es capaz de generar el capitalismo salvaje; esto es, la hambruna generalizada en el llamado cuerno de África.
Hacen, una vez más, un llamado urgente a la ciudadanía, para que seamos nosotros los encargados de contrarrestar los efectos nocivos de la avaricia de unos cuantos; y es que, dicen, ¡con un solo dólar, podríamos resolver el problema alimenticio de un niño! Fácil, ¿No?, el problema es que si en este planeta hubiera una correcta distribución de la riqueza, ningún individuo padecería hambre; no solo eso, el desarrollo científico ha generado las condiciones para que todos los que habitamos este planeta podamos vivir con dignidad y no recurrir, como lo hizo el alcalde recientemente, al uso de la fuerza para respetar la “propiedad privada” y desalojar a unas familias muy humildes, por allá en la invasión Guayacan a nombre del “estado de derecho”.
Por qué, si la riqueza generada nos puede brindar un estándar de vida muy superior al que realmente disfrutamos, seguimos empeñados en estar dentro de un sistema que solo privilegia a unos cuantos. Se imaginan, si solo la mitad de todos los millones que posee Carlos Slim se destinara a combatir, realmente, la pobreza en nuestro país, yo les aseguro que revertiríamos en gran medida esa lacerante realidad que viven millones de familias que padecen pobreza extrema. Si además, agregáramos todos los impuestos que normalmente evaden esas 30 familias, que el peje cataloga como las mafias que controlan el poder en México, les aseguro que tendríamos otro tipo de sociedad y el tejido social sanaría de todas esas heridas que ha padecido en los últimos 30 años.
Si aplicáramos, también, medidas para que nuestra burocracia fuera realmente eficiente y, por lo mismo, nos ofreciera un buen servicio cada vez que ocupáramos de ella, el estado de las cosas sería totalmente distinto.
Por todo lo anterior, cabe la pena reflexionar hacia donde nos conducimos. Si a ese México pujante que nos quieren vender los políticos a través de sus spots publicitarios, o hacia esa lamentable situación en que se encuentran millones de africanos. No, no es necesario ir al África para corroborar esa realidad. Los invito a que vayan a las invasiones de la periferia de Hermosillo, y se darán cuenta que acá en nuestro país hay muchas familias que también tienen serios problemas de alimentación.
No esperemos a que nos traten con esa malsana compasión que fingen nuestros medios de comunicación para actuar y recuperar mejores estándares de vida. No permitamos que siga este sistema que nos está atropellando a la inmensa mayoría de los mexicanos. Tengamos confianza en nosotros y vamos a lograr, con o sin esta clase política, los cambios que tanto requerimos.
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