EL DIVAN DE MAAC
Miguel Angel Aviles Castro.
avilesdivan@hotmail.com
Yo temo que un día de estos, cuando llegue a mi casa y habrá la puerta, me encuentre al señor Alejandro López Caballero, sentado muy orondo en la sala, dispuesto a entregarme un balón de futbol, unos tenis o un paraguas o una gorra, y de paso, aprovechando la ocasión, me solicite mi barda para poner ahí su nombre.
El también Secretario de Hacienda, está en todo su derecho de aspirar al puesto de elección popular que sea. Dicen los que lo conocen de años, muchos años atrás, que siempre ha sido un impulsor del deporte, que ha brindado el apoyo a un sinfín de deportistas y, que además es muy, muy bueno y viene de cuna muy humilde.
Todo esto seguramente es cierto; su bondad y su origen, sin embargo, no es lo que está a discusión. Por mi puede seguirle los pasos a Juan Pablo segundo y hacer cola entre los aspirante a una beatificación.
Lo que viene haciendo ruido, aun cuando algunos lo vean como algo normal, es el considerable dinero que está destinando a las actividades que le dicta su buen corazón y que tiene a medio Hermosillo conmovido por tan desinteresado esfuerzo.
¿A poco no?: si usted vino a Hermosillo y no se topó con un anuncio espectacular sobre las acciones de los López Caballero, haga de cuenta que no vino.
Pero resulta que, aunque así lo parezca, no es ni representante popular ni oficialmente es candidato. Tampoco es el vicegobernador o cargos por el estilo y, no obstante, su figura roba más cámara que los más encumbrados del gabinete de Guillermo Padrés y a veces más que Padrés mismo.
El actuar sin recato alguno en pro de sus aspiraciones políticas, cuyas múltiples actividades alterna con su jadeante horario que suponemos tiene en una secretaria de esa envergadura, no lo hace exclusivo en él; todos los actores políticos andan igual de enfrascados en los mismos propósitos sin importarles un ápice de lo que tengan de escrúpulos, si este ajetreo agravia las reglas electorales o si tanta distracción tiene dada al traste la oficina donde deberían estar de tiempo completo, sumidos en las funciones que le son propias al cargo que ocupan.
Eso es lo de menos, dirán todos los alborotados, al fin de cuentas esto es una farra que nadie regula y donde nadie pone orden, de tal suerte que la embriaguez preelectoral puede llegar al territorio de lo grotesco y nada pasará.
Por eso todos andan al trote y, entre estos, el que se vuelve una incógnita en cuanto a la fuente donde emanan sus recursos, es justamente Alejandro López Caballero, o “El Cano”, como lo tutean sus amigos.
Si en verdad es un hombre que ha trabajado de sol a sombra y su fortuna se acumuló gracias a su esfuerzo y dedicación durante toda su vida, es digno de admirarse que alguien, sin haber recibido aún de parte de un desconsiderado jurado el premio a la filantropía, ande repartiendo por aquí y por allá como un santoclos adelantado, esto y aquello y material deportivo y luego vaya a este otro lado y a otro a inaugurar un campo y otro mas y patrocine un equipo y otro y otro, lo cual, por cierto, de pronto termina por confundir a uno, pues con tanto afán por el ejercicio y el juego, ya no se sabe si aspira a ser presidente Municipal de Hermosillo o en realidad quiere dirigir a la CODESON.
Cuidado que no es broma: puede que la figura ya se este desgastando y que a los operadores del producto López Caballero se les haya pasado la mano y después de lograr un posicionamiento envidiable, hoy exista cierta indigestión en el destinatario de esa imagen y esta, sin remedio, este cayendo y todo el esfuerzo sea en vano.
Pero ha de valer la pena el riesgo, no importa que sea uno de los posicionamientos más costosos en los últimos años o a lo mejor por eso mismo hay que seguirle.
Vaya usted a saber. Yo por lo pronto me pongo bien contento, pues sabiendo la congruencia con que se conducen los políticos a partir de que ocupan el cargo por el que contendieron como candidatos, este Hermosillo, a partir del próximo año, será una capital del primer mundo. Se imaginan: si con el dinero propio trae a todo mundo loco de contento, con el dinero público y su experiencia para administrar fortunas, la vida en esta ciudad será algo semejante al paraíso. Ya ni ganas van a dar de ir a Tucson.
Váyanse preparando para administrar su riqueza.
Lo que si no tengo claro es que si este montón de dinero erogado por López Caballero es un gasto o es una inversión.
Confiando en la generosidad de Alejandro, de seguro es lo primero; porque si es lo segundo, ni concesionando El Cerro de la Campana le alcanzarán las arcas del H. Ayuntamiento para recuperarlo, sobre todo si la voracidad de los que ya se van el otro año, sigue la misma tendencia que desmedidamente llevan hasta ahora.
Pero tengamos fe y no echemos la sal. Si de pronto su mismo partido no lo tacklea en sus aspiraciones, o el voto popular no le pasa la factura a los desmanes que trae el blanquiazul con los Gándara-Fernández al frente, El Cano se sentará en esa ansiada silla municipal que, por fortuna, esta por desocuparla ya Don Javier y su familia.
Siendo así, y el renombrado López Caballero no maltrata la fama de buen hombre que se ha creado, por primera vez no estaremos maldiciendo a otro político como tantos que pasan de largo traicionado su palabra pero que al salir del cargo que juraron enaltecer, tarde que temprano y poco a poco se les descubren, en su mal habido patrimonio, mas propiedades que la ya célebre moringa.
